| Beneficios
que aporta la danza del vientre 
¿Por qué
practicar danza del vientre?
Independientemente de la vida que llevemos, más o menos
sedentaria, más o menos agitada; hay un denominador común
en la vida de gran parte de la población urbana, y está
compuesto de varios ingredientes: el exceso de responsabilidades,
las presiones constantes, la exigencia de dominar el tiempo;
dejándonos vacíos de energía y con la sensación
de estar “desafinados", nuestro cuerpo en desequilibrio,
un instrumento que no está emitiendo la musicalidad que
lograría si se encontrara en paz. Podemos afirmar que
existen maneras de vencer las barreras inconscientes (y también
de lidiar un poco mejor con las contextuales) que impiden un
armonioso desarrollo del ser, en tanto unidad física,
mental y afectiva indisoluble. Lejos de pretender que la danza
del vientre sirva, sin otros elementos que la ayuden, como terapia
para ciertas patologías que hacen que el organismo actúe
“desafinado”, sí estamos en decir que la
danza del vientre puede colaborar en la búsqueda del
equilibrio perdido, y que contribuye ampliamente
a la conscientización de los mecanismos corporales fundamentales,
en especial los del centro de gravedad y de fuerza vital del
organismo (que es lo que más se trabaja en la
danza del vientre tradicional); proceso fundamental para lograr
el autoconocimiento que necesitamos para desenvolvernos en la
sociedad.
Decir que, como bailarina de danza
del vientre, puede experimentarse una sensación de
poder absoluto tan sólo practicando una suave ondulación,
sin siquiera desplazarse por el espacio; parecería,
en una primera instancia, una apreciación muy exagerada.
Pero, si notamos que esta zona es, además del centro
mencionado, donde se encuentran los órganos de asimilación
y eliminación, donde se producen las células
sexuales dadoras de vida, y finalmente en caso de la mujer,
donde se produce la gestación, habiendo sido en algún
momento canal de vínculo entre madre e hijo, no es
difícil deducir el por qué de esa fuerza, de
esa potencia, que da estabilidad, que se nutre de la tierra,
que es el centro de poder de ese microcosmos que es el ser
humano. Paradójicamente, esta región del cuerpo,
que es la central, y con la que debiéramos estar más
conectados, resulta ser de las más oscuras en cuanto
a la capacidad que tiene el yo para percibirla, para concientizarla;
las regiones más perceptibles dentro de la imagen corporal
son las manos, los pies, la cabeza; el vientre es una zona
que soporta las más comunes represiones y bloqueos,
su rigidez está relacionada a actitudes defensivas,
con negaciones frente al placer y el bienestar que puede dar
un vientre relajado y libre.
En esta porción occidental de la Tierra que nos toca
habitar, desde pequeños, al menos a muchos de nosotros,
estuvimos acostumbrados a esa noción de que lo realmente
importante era tener brillantes ideas, que la verdaderas cuestiones
reveladoras de los misterios de la vida surgían de
las funciones intelectuales; y no es que el pensamiento sea
un producto despreciable, al contrario, es uno de nuestros
tesoros; es que el ser humano, al ser un todo inseparable,
un ser completo, no puede desligar el cuerpo del intelecto;
una persona madura debe poder conocer su cuerpo, sus procesos,
sus limitaciones, sus capacidades, y al mismo tiempo ser capaz
de pensar, de reflexionar, de tener una actitud crítica
frente al mundo; hoy en día pareciera, y más
que nada en esta noción de “virtualización”
del hombre, que el cuerpo sobrara en la mayoría de
los momentos, que la carne fuera un estorbo en la comunicación
con el otro. Particularmente, la práctica de
la danza del vientre nos da bases para afirmar que, al comenzar
a tener consciencia de nuestro cuerpo, de sus posibilidades
de acción, de su “estar en el espacio”,
todos, absolutamente todos los valores aprendidos de manera
meramente intelectual, se resignifican y toman otra dimensión,
porque se los comienza a conocer desde uno mismo, con filtros
propios, pero desde un “ser mismo” completo, íntegro,
consolidado. Como sabemos en el mundo oriental, jamás
se perdió la noción de “centro”
en contraposición a la reivindicación de las
funciones intelectuales a la que asistimos en este hemisferio
del planeta, al respecto, y citando a Dropsky “es
en la unión de la cabeza con sus valores de conciencia
y del vientre con sus valores instintivos donde estriba la
única posibilidad de una verdadera madurez humana”,
agreguemos los factores emocionales, y concluimos en que la
danza del vientre puede resultar una excelente catalizadora
de estos tres aspectos que constituyen al ser como unidad
y una ruta de retorno a la propia naturaleza, que se ve obturada
muchas veces por los estilos de vida que llevamos.

Beneficios
psíquicos y emocionales
Si
nos abocamos específicamente a la finalidad de la danza
oriental, debemos retrotraernos a la prehistoria y señalar
que el objetivo de este baile es hallar la armonía
entre el cuerpo y el espíritu, y el medio
es la contracción y relajación muscular en la
parte inferior del tronco mediante movimientos circulares,
a diferencia de otros que suelen centrarse en los músculos
de las extremidades. El entrenamiento de la danza del vientre
repercute en otras partes del cuerpo, fortaleciendo los músculos
del abdomen, la parte inferior de la espalda y en particular
la pelvis. Este último punto deja entrever la sabiduría
de nuestros antepasados, dado que el movimiento circular de
los músculos del abdomen implica una presión
interior sumamente útil para el procesado de desechos
en el cuerpo humano. Además, la danza tiene una doble
función, por una parte nos invade de endorfinas el
cerebro y aumenta la dopamina, por lo que obtenemos más
relajación natural, y por otra nos hace vencer la inercia
de permanecer sin hacer nada.
Por otro lado,
la danza coordina los músculos y los nervios con la
mente. Cuando el oído capta la música, tranquiliza,
el cuerpo se manifiesta y se fusiona con la melodía
o el ritmo desencadena en una sensación sumamente placentera
que podríamos llamar felicidad. De hecho, la medicina
utiliza actualmente la danza y la música como terapia;
y a pesar de que la danza no es capaz de curar muchas enfermedades
psicológicas o psiquiátricas, contribuye a curar
la depresión, el nerviosismo y la neurosis, patologías
corrientes en nuestros tiempos. Ahora bien, volviendo específicamente
a la danza oriental, debemos decir si vemos a una bailarina
talentosa, notaremos que en esta danza el sonido parece brotar
del propio cuerpo, sea una música melodiosa o un ritmo
rápido a base de tambores, así, podemos enumerar
algunos de los beneficios emocionales de
practicar la danza del vientre:
- Desbloqueos. Provoca
el desbloqueo físico, psíquico y mental que
induce a generar cambios de actitudes, y a sentir más
seguridad ante la vida.
- Expresión de emociones.
Se trabaja con estados anímicos tales como la tristeza,
la alegría, la picardía, la dulzura, que se
reflejan en el cuerpo, es una danza que es capaz de traducir
lo qué sucede en el interior de la bailarina, encontrando
en esta forma de manifestación un gran alivio, tranquilidad
y armonía.
- Fomenta la creatividad.
Es una danza que valora la capacidad de improvisación,
de creación de la intérprete, de la expresión
de sentimientos, es un medio para “contar una historia”,
valora la espontaneidad, cosa que no sucede en todas las
danzas, y mucho menos en la vida social.
- Ayuda a recuperar la confianza
en uno y a vencer viejos miedos. A lo largo de
la vida, podemos construir ideas negativas acerca de nosotros
o de nuestro cuerpo, generando complejos e inseguridades.
Esta danza contribuye a desacartonar nuestro comportamiento,
a movernos de manera más natural y sencilla.
- Realza la feminidad.
Ayuda a conectarse con la esencia de lo femenino, y pudiendo
a la vez explotar ese poder de seducción, venciendo
prejuicios impuestos por la sociedad. El erotismo sólo
se encuentra en la mirada del que observa.
- Ayuda a mejorar la comunicación.
El bailar con otros, ya sea en danzas grupales improvisadas,
o mismo el sólo hecho de compartir un espacio donde
utilicemos este lenguaje corporal, hace que nos desinhibamos
y creemos lazos con nuestros compañeros, muy diferentes
a los que se crean fuera de ese ámbito.
Beneficios físicos:
- Rigidez. Gracias
al trabajo por separado de cada parte del cuerpo como cadera,
caja torácica, pecho, hombros, cabeza, etc, permite
el desbloqueo, la fluidez y la coordinación; y la
eliminación de los conocidos nudos de tensión
que se forman ya sea por estrés, cansancio físico,
o la carencia de ejercitación de ciertos músculos.
- Mejor circulación.
Al ejercitar los músculos, éstos necesitan
más oxígeno, y el sistema circulatorio trabaja
para dárselo, así que el corazón late
más rápido, haciendo que la sangre fluya con
más intensidad limpiando las células de toxinas
y que el metabolismo trabaje a un nivel de regeneración
adecuado.
- Reducción de la
presión sanguínea.
- Dolores menstruales y aparato
digestivo. Se ha comprobado que los dolores amainan
gracias a los movimientos pélvicos que masajean la
zona haciendo que trabaje mejor internamente, sin necesidad
de recurrir a la química. Sabemos también
que dichos movimientos ondulatorios, favorecen la eliminación
de desechos, dado que ayudan al funcionamiento del aparato
digestivo.
- Vicios posturales.
Hoy en día, debido a ciertos trabajos, tendemos a
distraer la postura adecuada creando a la larga problemas
serios y con consecuentes dolores. La postura que se mantiene
en esta danza elimina los malos hábitos y proporciona
mayor flexibilidad en la espalda ya que busca el eje y el
equilibrio de una forma relajada y natural.
- Evita la artrosis.
Armoniza la función de los músculos con los
cartílagos y las articulaciones. El ejercicio estimula
a estas “visagras” del cuerpo a hacerlas móviles
y las alimenta con las lubricaciones naturales del organismo.
El llevar una vida sedentaria provoca la pérdida
de este proceso natural y la consecuente pérdida
de la elasticidad. La danza del vientre estimula el movimiento
fluido por el cuerpo, cosa que otras danzas no logran.
- Quema calorías.
De acuerdo con diversos estudios, la danza quema entre 250-300
calorías por hora.
Por último, señalaremos que los antiguos egipcios
tomaron al baile como un deporte, volviendo sus cuerpos
más resistentes, superando en muchos casos la esperanza
de vida a la de los egipcios contemporáneos.

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